EL SUEÑO DE TODOS

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Tringler sí puede decir "he visto a Maradona"

Quizás, las vivencias del vicepresidente del Sistema Integrado de Salud Pública de Tandil (SISP) sean las que muchos quisimos haber tenido. Con 15 años, y gracias a que su padre psiquiatra trató a Maradona por sus problemas de adicción, tuvo la posibilidad de compartir varios momentos en la vida del astro. Partidos de fútbol con amigos, jueguitos y hasta dormir en su casa. NUEVA ERA se contactó con el médico quien resaltó lo afectuoso que fue el "10" con aquel adolescente que lo miraba con ojos obnubilados.

27 de noviembre de 2020

El 17 de marzo de 1991, mientras jugaba para el Napoli, la Federación Italiana de Fútbol le impuso a Diego Armando Maradona una sanción de 15 meses tras dar positivo por cocaína su muestra de doping. Volvería a jugar profesionalmente recién el 4 de octubre de 1992, esta vez vistiendo la camiseta del Sevilla de España.

Durante ese lapso, el padre de Matías Tringler -actual vicepresidente del Sistema Integrado de Salud Pública (SISP) de nuestra ciudad- se desempeñó como psiquiatra del mejor jugador de fútbol de todos los tiempos y llegó hasta su consulta por intermedio del contacto de uno de sus pacientes que lo recomendó para tratar sus problemas de adicción. La relación profesional de Jorge Omar Tringler con Maradona se mantuvo por poco más de un año.

Una de los objetivos que se trazó como estrategia para que pudiera mejorar su situación fue tratar de aislarlo de todo el entorno que tenía en su momento. Fue la época en que alquiló una casa en el Balneario Marisol (también conocido como Oriente y ubicado en el partido de Coronel Dorrego) y se mantuvo alejado del asedio periodístico.

Pero antes de esa estadía familiar en las playas alejadas y sureñas de Buenos Aires, por recomendación de Tringler decidió alquilar un yate anclado en Tigre para cumplir con ese aislamiento. Las ironías del destino marcaron que Diego falleciera a los 60 años en una casa ubicada en el mismo distrito al que había ido a buscar tranquilidad.

Matías Tringler, de 15 años en aquella época, tuvo el privilegio de compartir con el astro del fútbol mundial ese momento y hasta hacer jueguito junto a él con una pelota que le llevaron.

En diálogo con NUEVA ERA, recordó que primeramente "lo conocí cuando estaba en ese yate en Tigre. Cuando mi papá me llevó a conocerlo, a la pasada y a propósito, compramos una pelota que decía 'Mundial '94', porque él ya había dicho que había dejado el fútbol. Le llevamos esa pelota como una cuestión de fe de que iba a andar bien y se iba a recuperar. También como excusa para que yo pudiera hacer un poco de jueguito con Maradona. Fue una situación muy rara estar con él. En lo personal -y más con los chicos- siempre fue muy afectuoso. Estuvimos compartiendo todo una tarde en ese barco. Él haciendo jueguitos con un traje de neoprene puesto y divirtiéndose, usando una moto de agua, una cuestión absolutamente novedosa para ese momento. Lo recuerdo muy alegre, muy bien".

La ilusión de estar aunque más no fuera por un instante cerca del ídolo fue común a casi todos los mortales. Pero hacerlo teniendo 15 años, siendo fanático del fútbol y a poco tiempo del campeonato mundial de 1986 y el subcampeonato de 1990, es aún más fuerte. "Yo estaba shockeado. Es como si mi hijo ahora se fuera a hacer jueguito con Messi", describió.

Agregó que en otra oportunidad "fuimos con amigos míos del barrio y de fútbol a hacerle un partido al equipo que él se armó con amigos del barrio de la quinta de Moreno en la que estaba".

Diego decidió pasar el verano del '92 en el tranquilo balneario Oriente, alejado del entorno y el asedio. Ya conocía el lugar porque había estado por primera vez en 1983 cuando había ido a pescar y cazar patos en un campo. Había vuelto en noviembre de 1991, como parte de su trabajo de desintoxicación y por recomendación de Omar Tringler.

Allí, Matías también pudo compartir tiempo con la estrella mundial y conocer su lado más humano. "Estuve en Marisol cuando él estuvo de vacaciones. En Oriente podía vivir tranquilo, ir a hacer las compras, las nenas podían salir. Para él era una situación muy distinta a su normalidad", detalló.

El vicepresidente del SISP recordó que Diego narraba una anécdota en la que Dalma y Gianinna, aún pequeñitas, querían ir a un shopping y él les decía que no podían hacerlo. Al final, cedió y una vez allí, "cuando lo encontraron en un negocio, la gente se empezó a meter y hasta se rompieron alguna de las vidrieras y las nenas se quedaron con el susto del momento. Esa vida que tenía en todo lugar del mundo a donde fuera, en Marisol la tuvo sólo los primeros días y después era uno más".

El "10" aprovechó esos días al sur de Buenos Aires para desparramar solidaridad. Accedió a disputar un partido benéfico para la unidad sanitaria de Oriente y, conformando un equipo con algunos amigos porteños y jugadores de Quequén y de Oriente Fútbol Club, se enfrentó a un conjunto compuesto por empleados de la radio de AM de Coronel Dorrego.

También jugó en Tres Arroyos un partido a beneficio de "Caminemos Juntos", un centro de ayuda a niños discapacitados.

El profesional dijo que "más allá de recordar al 'superhéroe' que era cuando yo era chico, también lo recuerdo con mucho afecto". Ahora, tras su muerte, lamenta no haber tenido en ese momento la iniciativa de que Maradona le autografiara alguna pelota o camiseta.

"Una de las cuestiones que desde el punto de vista terapéutico hizo papá con él es tratar de no sacar provecho. No atendía a los periodistas y quería que realmente sea una relación como con cualquier persona. En ese sentido, me arrepiento y me encantaría tener un montón de cosas. Pero lo que sí tengo -y me quedo con eso para siempre- es un videito de ese día en el barco cuando hicimos jueguito con él, además de algunas fotos. Pero no mucho más. Cuando uno tiene una relación un poquito más allegada -incluso me he quedado a dormir en su casa- no te parece que necesitás que te firme algo".

La muerte de Maradona provocó gran tristeza a escala global y Matías no escapó a la regla general. "A mí me da mucha tristeza. Trato de recordar al Diego que vi de chico, lo que hizo en las canchas. Y al Diego que conocí, un tipo muy cariñoso y afectivo. Al que se ofrecía a jugar al fútbol con vos, al que invitaba a tus amigos para jugar en su quinta. Fue siempre muy atento".

"Me imaginaba que iba a llegar este momento y me da un poco de bronca que haya sido en esta situación de pandemia porque uno se imaginaba una despedida más linda, en algún estadio", culminó.

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